Sobre Colombia, la educación en Latinoamérica y el eterno oficio de seguir siendo estudiantes
Hoy, 7 de agosto, Colombia inaugura un gobierno bajo el nombre de “La Patria Milagro”, y con él, un Banco de Talentos que ya reúne a más de cien mil personas que decidieron levantar la mano. Un equipo con mucha experiencia en empresa privada llega a manejar lo público, y yo, que he trabajado de cerca en fusiones entre esos dos mundos, sé que esto no es un detalle menor. Algunas fusiones de ese tipo florecen. Otras se quiebran contra la primera pared invisible que encuentran. La diferencia casi nunca está en la intención — está en si alguien se toma el trabajo de traducir un lenguaje al otro.
Escribo esto con la misma esperanza con la que escribo casi todo en este blog: no ingenua, pero sí decidida a creer que el milagro, si llega, llega por trabajo y no por decreto.
El mapa de las vacantes dice más de lo que parece
De las vacantes que se están llenando hoy, un 30% son roles complejos, decisivos, de manejo de empresas en industrias globales — y ese tipo de cargo exige, como mínimo, dos idiomas. El otro 70% necesita algo distinto: habilidad industrial, matemática, estadística, investigativa, vocacional. Gente que sepa hacer, no solo gente que sepa presidir juntas.
Esa proporción es, en el fondo, un espejo de lo que le falta a Latinoamérica entera: nos sobran discursos sobre liderazgo y nos falta la base técnica que sostiene cualquier liderazgo real.
Un continente que gradúa mucho y forma poco
Las cifras que he visto de 2025 son incómodas: de unos cuatro millones de graduados en la región, apenas un puñado se gradúa en ciencias. Y eso no empieza en la universidad — empieza en la educación media, que llega tarde y llega débil a esa cita. Mientras tanto, se acreditan universidades enteras alrededor de las mismas carreras saturadas, y esa abundancia de oferta repetida no es progreso: es desconexión de la realidad disfrazada de opciones.
Esa desconexión tiene un costo que no siempre nombramos en voz alta: frustración, y con ella, problemas de salud mental que se acumulan en silencio en una sociedad que preparó a sus jóvenes para un mercado que no existe.
Una salud que todavía no aprende a prevenir
Lo mismo pasa con la salud pública. Se convierte en una salud reactiva, no preventiva, porque el presupuesto nunca alcanza — y mis lectores europeos, que conocen otro modelo, lo saben bien. Necesitamos investigación propia sobre virus nuevos, sobre bacterias resistentes, sobre el envejecimiento de las mujeres, que afecta a la sociedad entera y rara vez se estudia con la seriedad que merece.
Y hay algo más de fondo: formamos médicos de manera muy general, casi como si todos metabolizáramos igual. No es así. Una medicina que no distingue a la persona que tiene enfrente no está previniendo nada — solo está reaccionando más tarde.
El deporte que también es país
Y ya que hablamos de lo que se descuida: el patrocinio de nuestros deportistas es importantísimo y está terriblemente olvidado. Nos falta mucho para ser campeones en todas las competencias que nos importan. Pero ese sueño se acerca — no por milagro, sino por práctica y disciplina, todos los días, exactamente como se acerca cualquier otro sueño que valga la pena.
Cicerón, las humanidades y el interior bien formado
Afirmo esto con la misma convicción con la que afirmo todo lo demás: nuestras universidades necesitan una base profunda en humanidades y pensamiento crítico, no solo en técnica. Y aquí quiero nombrar a un maestro de la palabra: Cicerón, que entendió hace dos mil años algo que seguimos necesitando aprender — que la elocuencia sin virtud es vacía, y que la virtud sin la capacidad de nombrarla en voz alta se pierde.
En Roma es Amor creemos exactamente eso: que siempre volveremos al principio, a nuestro interior, y que cuando el espíritu está bien formado, las acciones se reflejan en la sociedad por el beneficio común — sin necesidad de exceso de intervencionismo, ni privado ni público. La carrera universal es una sola, y es la de ser eternos estudiantes. Toda la vida.
Copiar no es lo mismo que construir
He escuchado a varios financieros decir que la salida para Latinoamérica es copiar lo que ya funciona en el primer mundo — el efecto máquina del tiempo, dicen, como si adelantar el reloj fuera tan simple como importarlo. No siempre funciona así. Los chinos entendieron algo que a nosotros todavía nos cuesta: que la educación es la clave de la movilidad social, pero que esa clave hay que forjarla desde adentro, no solo traerla prestada.
Es un dilema grande. Y aun así, hoy le tengo confianza a la Patria Milagro.
Me alegro, cada día, de conseguir una habilidad nueva, sin olvidar nunca que el conocimiento y la vida se adquieren — y se viven — todos los días. Si ese hilo de “eterno estudiante” te resuena, en Roma8Lab tenemos un juego bilingüe y gratuito, Mirror Match, pensado para esa misma idea: que aprender no tiene edad ni frontera.
La Patria Milagro no la va a hacer un decreto. La vamos a hacer, un día a la vez, los que decidimos seguir siendo estudiantes.

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